Los Señores de la Querencia
Por Iván Borcoski, Concejal comuna de El Bosque. No acostumbro a ver series televisivas y la verdad es que cuando prendo la tele lo hago para ver noticias. Reconozco una suerte de obsesión por saber qué pasa en Chile y en el mundo. Soy algo así como un “noticiomano”. Sin embargo, por su carácter de serial de época, con algo de componente histórico, he visto algunos capítulos de la serie nocturna de TVN, “El Señor de la Querencia”.
Me pregunto: ¿En qué estarán hoy día los señores de las querencias o sus herederos, los que abusaron por años de sus peones y de sus “chinas”?.
Los señores de la querencia, después del golpe militar de 1973, no dudaron en reprimir a los campesinos, a sus antiguos inquilinos, a los que hicieron la reforma agraria. Ahí están los hornos de Lonquén, el callejón de las viudas en Paine y la tragedia de Mulchén, sólo por recordar a algunos.
Después, los conservadores del campo, se subieron al boom agro-exportador y acumularon capital por el viejo camino de la explotación de la fuerza laboral. Esta vez los esquilmados fueron los temporeros del campo, fundamentalmente mujeres. Hasta una cumbia salía por ahí en la explosión sound-tropical chilena de hace algunos años, cumbia que hablaba de la temporera y sus penurias.
A comienzos de los 90, los herederos de José Luis Echenique, el terrateniente de la serie televisiva, rasgaron vestiduras oponiéndose a los “blasfemos” que llamábamos a “bañarnos con calcetines”, es decir , a usar condones para evitar el SIDA y el embarazo no deseado, en particular el embarazo adolescente. Hace un par de años vi cómo una alcaldesa UDI de Huechuraba, manipulaba condones en un noticiero de TV, reclamando por la mala calidad de los preservativos entregados por el Ministerio de Salud. Me pareció que por algunos caminos habíamos avanzado. A pesar de ello, el llamado canal católico, es decir, Canal 13, y el canal 9, MEGA, se han negado a exhibir los spot de la campaña gubernamental contra el sida. ¿Cuántos José Luis Echenique estarán en sus directorios?
Hace pocos días leí en un diario lo que me pareció era un resabio del comportamiento de estos latifundistas. El 14 de agosto recién pasado, en el diario Las Ultimas Noticias, al señor Roberto Fantuzzi, lo traicionó el subconsciente y decía muy “campante” que “no soy una cabrita de 18 para que me anden manoseando” y me acordé del señor de la querencia. De las palabras del empresario Fantuzzi puedo entender que a la cabrita de 18 sí se le puede manosear; a la cabrita proleta que se vende en el topples o el café con piernas, a la cabrita hija de la nana de la casa, a la cabrita que hace el aseo de la oficina, también.
Ahí está el abuso, ahí está la mirada que subordina a la mujer, especialmente a la de sectores populares, al abuso, a la explotación y a la falta de dignidad.El historiador Gabriel Salazar en su libro “Labradores, Peones y Proletarios” relata muy bien la vida en la hacienda chilena, en las grandes propiedades rurales, con su estructura social estamental. También la antropóloga Sonia Mortecinos con su texto “Madres y Huachos” nos muestra documentadamente la vida que en parte relata la serie televisiva de la que hablamos. Pero tan importante como eso es erradicar la cultura del abuso, del menosprecio, del trato indigno, resabio entre otras cosas, de la antigua estructura del campo chileno, que seguramente añoran los conservadores de la derecha chilena.
Me pregunto: ¿En qué estarán hoy día los señores de las querencias o sus herederos, los que abusaron por años de sus peones y de sus “chinas”?.
Los señores de la querencia, después del golpe militar de 1973, no dudaron en reprimir a los campesinos, a sus antiguos inquilinos, a los que hicieron la reforma agraria. Ahí están los hornos de Lonquén, el callejón de las viudas en Paine y la tragedia de Mulchén, sólo por recordar a algunos.
Después, los conservadores del campo, se subieron al boom agro-exportador y acumularon capital por el viejo camino de la explotación de la fuerza laboral. Esta vez los esquilmados fueron los temporeros del campo, fundamentalmente mujeres. Hasta una cumbia salía por ahí en la explosión sound-tropical chilena de hace algunos años, cumbia que hablaba de la temporera y sus penurias.
A comienzos de los 90, los herederos de José Luis Echenique, el terrateniente de la serie televisiva, rasgaron vestiduras oponiéndose a los “blasfemos” que llamábamos a “bañarnos con calcetines”, es decir , a usar condones para evitar el SIDA y el embarazo no deseado, en particular el embarazo adolescente. Hace un par de años vi cómo una alcaldesa UDI de Huechuraba, manipulaba condones en un noticiero de TV, reclamando por la mala calidad de los preservativos entregados por el Ministerio de Salud. Me pareció que por algunos caminos habíamos avanzado. A pesar de ello, el llamado canal católico, es decir, Canal 13, y el canal 9, MEGA, se han negado a exhibir los spot de la campaña gubernamental contra el sida. ¿Cuántos José Luis Echenique estarán en sus directorios?
Hace pocos días leí en un diario lo que me pareció era un resabio del comportamiento de estos latifundistas. El 14 de agosto recién pasado, en el diario Las Ultimas Noticias, al señor Roberto Fantuzzi, lo traicionó el subconsciente y decía muy “campante” que “no soy una cabrita de 18 para que me anden manoseando” y me acordé del señor de la querencia. De las palabras del empresario Fantuzzi puedo entender que a la cabrita de 18 sí se le puede manosear; a la cabrita proleta que se vende en el topples o el café con piernas, a la cabrita hija de la nana de la casa, a la cabrita que hace el aseo de la oficina, también.
Ahí está el abuso, ahí está la mirada que subordina a la mujer, especialmente a la de sectores populares, al abuso, a la explotación y a la falta de dignidad.El historiador Gabriel Salazar en su libro “Labradores, Peones y Proletarios” relata muy bien la vida en la hacienda chilena, en las grandes propiedades rurales, con su estructura social estamental. También la antropóloga Sonia Mortecinos con su texto “Madres y Huachos” nos muestra documentadamente la vida que en parte relata la serie televisiva de la que hablamos. Pero tan importante como eso es erradicar la cultura del abuso, del menosprecio, del trato indigno, resabio entre otras cosas, de la antigua estructura del campo chileno, que seguramente añoran los conservadores de la derecha chilena.


